LA GUERRA DEL NOBEL
Por Leti Ariza
Hace algún tiempo el presidente Juan Manuel Santos fue galardonado con el premio Nobel de paz por sus esfuerzos en la consecución de la paz en Colombia; sin embargo, y aunque, desmovilizar al grupo guerrillero más numeroso del país es un gran logro, lo cierto es que esto ha desencadenado una guerra civil que configura un escenario más peligroso todavía.Tal vez algunos opositores al ex presidente Uribe, lo cataloguen como el culpable de la polarización que sufre la sociedad colombiana por cuenta de oponerse a un proceso de paz muy accidentado y polémico debido sus características, otros creen que Santos ha cedido tanto que raya en la rendición del Estado a manos del grupo armado ilegal.
Hay dos polos opuestos en la sociedad colombiana; es lo que se puede observar en las redes sociales y en general en cualquier ambiente público y hasta privado: Los amigos de la paz, y los enemigos de las Farc(aunque estos últimos deberían llamarse "amigos de la justicia"), así lo ve cada una de las partes, sin embargo si se lo preguntáramos al contrario, unos dirían que los enemigos de la paz y los amigos de las Farc.
Es una ironía que un proceso de paz por el que el premio Nobel recibió reconocimiento, nos divida como país, porque mientras los amigos de la paz, consideran que no nos debemos matar más entre nosotros, que merecemos un país con menos muertos y en el que no haya más guerra, los enemigos de las Farc consideran que los únicos que llegaron a asesinar y agobiar al pueblo fueron ellos y el Estado lo único que ha hecho es asumir la legitima defensa del pueblo colombiano como le corresponde.
Mientras los amigos de la paz, consideran que se debe dar paso a la participación política a un grupo revolucionario que siempre buscó la inclusión democrática, los enemigos de las Farc, creen que aceptar a criminales de lesa humanidad en el Congreso y en el Gobierno es un error que nos llevaría a ahondar los problemas de corrupción, deficiencias del Estado de Derecho y cooptación del Estado.
Mientras los amigos de la paz, creen que la inclusión democrática implica sólo 10 curules y 16 circunscripciones especiales, los enemigos de las Farc, creen que no serán solo esos escaños, sino que el poder económico que tienen las Farc, podrá garantizarles la toma de decisiones sin necesidad de ganar una curúl más.
Mientras los amigos de la paz consideran que la consecución de la paz es un principio constitucional, y que el presidente de la República tiene la obligación de buscarla por todos los medios, los enemigos de las Farc, consideran que no habrá paz sin justicia y que no se debe alcanzar paz a cualquier costo porque significaría el descontento social y por ende, más conflicto.
Pero esto no sería una guerra inspirada por Santos, sin su jugada maestra, que al perder el plebiscito, implementó los acuerdos a pesar de la negativa de los colombianos.
Nos ha puesto en contra unos a otros, por su incumplimiento a la ley y a su palabra; no habría implementación, sin la refrendación popular, renunciaría al cargo como presidente, empezaría la guerra urbana gracias a la negativa del pueblo, respetaría la decisión de los electores; todo esto profundizó las divisiones entre los del SI y los del NO, en una guerra de insultos, unos por hacer "conejo" al plebiscito, otros porque los colombianos que votaron No, son muy ignorantes al no querer la paz.
Un Nobel de paz que instiga a la guerra, en su afán de complacer a un grupo narcoterrorista, pasa por encima del poder soberano del pueblo, su voluntad, la decisión de la domesticada corte, arregla congresistas y manipula al electorado que cree en que la paz a cualquier costo es preferible.
Tal vez se piense en que decir que una guerra civil es una exageración; es posible que ésta se esté dando de otras formas, diferentes a la vivida en la época de la violencia entre liberales y conservadores y que arrojó 300 mil muertos. Es muy pronto para decir, hasta dónde nos puede llevar esta confrontación, pero es una guerra, un conflicto a su manera, acompañado de varios actos de coacción en los territorios a favor de la implementación; también el asesinato de líderes comunitarios, así como de representantes de los partidos de oposición al gobierno, insultos y divisiones van y vienen en las redes sociales, doctrina en las universidades que alienta la llama de rechazo a una u otra posición. Es un ambiente confuso que desde ya se pronostica va para largo, unas elecciones presidenciales próximas en las que estará en juego ante todo el mantenimiento del acuerdo y su implementación y que pueden significar la confirmación del proceso de paz, la vuelta atrás, o la reorientación de puntos sustanciales que en últimas eran el requerimiento de los votantes del NO en el plebiscito.
Hay que preguntarnos entonces, si es merecido un Nobel de paz a quien ha instaurado en la sociedad colombiana una clase de guerra, ya no entre actores estatales y subversivos, sino entre civiles que en el fondo sueñan con un país mejor.
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