lunes, 19 de junio de 2017
SE LES DIJO, SE LES ADVIRTIÓ
Por Leti Ariza
Parece un mal chiste que a los promotores del NO, entre ellos muchos uribistas, nos digan que nos aprovechamos de la tragedia para hacer política y nos pidan que nos quedemos callados ante la infamia cometida el sábado en el Centro Comercial Andino en Bogotá.
Todos los días durante muchos años hemos rechazado el fenómeno del terrorismo con contundencia y sin reservas de ninguna clase, porque consideramos que es una infamia cometida por cobardes contra toda clase de población sin discriminación ni consideración.
¿Cómo no hacerlo en este caso? Gracias al proceso de paz, el cual tiene un alto componente de impunidad, esta clase de hechos se quedan sin castigo efectivo. El mal ejemplo al tener a criminales de lesa humanidad a sus anchas, viajando por todo el mundo, dictando cátedra de Derechos Humanos y resolución de conflictos, unido a libertad para aquellos terroristas que luego de tener más de 20 años de condena, estén quedando libres sin cumplirla, es un precedente que invita directamente a la ilegalidad.
No es osado, ni crudo decir que su premio es una curúl en el Congreso, por cuanto la participación política es posible sin más castigo que la restricción de la libertad en las noches. Decir que se está aprovechando la oportunidad para hacer política es una sucia manipulación de algunos que el 2 de octubre apoyaron a dichos terroristas con la disculpa de conseguir la paz, pero sin caer en cuenta que con ese ejemplo de impunidad, se vendrían toda una serie de sucesos que utilizan aquellos que quieren el estatus de grupo beligerante, que necesitan protagonismo y que a punta de hechos terroristas, como el del sábado, pueden tener una alta divulgación.
Y es que el botín como recompensa a la utilización de estos medios para llamar nuestra atención, es una serie de concesiones que incluyen un largo proceso de paz en el exterior, gastos pagos mientras tanto, reconocimiento como revolucionarios, partido político, sueldos y pensiones, emisoras y canales de televisión; en fin, toda clase de presupuesto público para su mantenimiento por años, por el sólo hecho de aceptar los cargos; ¿así quien no?
En dónde quedaron esos tiempos en que éramos unidos en una sola causa común: el rechazo a terroristas y secuestradores que habían demostrado que en nada les importaba pasar por encima del pueblo que decían defender y por el que legitimaban su lucha. No fue sino ayer, un 4 de Febrero de 2008, cuando Colombia en una sola voz, y un solo grito decía "No más FARC", "No más bombas, no más secuestrados, no más tomas guerrilleras, no más extorsión, no más niños reclutados".
Esa era una resistencia civil a la violencia, sin tintes políticos, unidos en una sola consigna.
Hoy estamos divididos por aquellos que alguna vez nos unieron; con un señuelo tan atractivo como lo es la paz que todos deseamos, pero que también involucra la justicia para poder lograrse.
Cuando nos dicen a los del NO que utilizamos la tragedia para hacer política, me pregunto si en nuestra humanidad la política rige la tristeza al ver a tres jóvenes mujeres destrozadas en un baño, si nuestra calidad de seres humanos no nos diera el derecho a repudiar este crimen así como lo hace toda persona con algo de principios.
Por supuesto que íbamos a decir, que lo advertimos, que ese sería el resultado de tanta concesión y débil justicia; era nuestro derecho después de que nos robaron la victoria en el plebiscito.
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